DIARIO EVANGÉLICO DIGITAL «BEREA»

Marruecos sigue expulsando de forma ilegal a cristianos evangélicos


 

Jueves 13 de Mayo del 2010
Persecuciones
Bandera de Marruecos Marruecos

 

RABAT, Marruecos (Agencias/ V. Rossato, ProtestanteDigital) La guatemalteca Silvia Cordón, cristiana evangélica de 59 años, fue expulsada de Marruecos el pasado fin de semana, sin que las autoridades proporcionaran mayor explicación sobre esta medida. En los días subsiguientes, otros cooperantes internacionales, de México, Colombia y Argentina, todos ellos cristianos, corrieron la misma suerte.

 

El caso de Silvia Cordón, residente legal en Marruecos desde 1997, fue particular porque el gobierno de ese país se vio obligado a pagarle el viaje de regreso a Guatemala, mientras que los otros cristianos expulsados en los últimos meses fueron custodiados hasta el puerto de Tánger para que viajaran a España peninsular, o simplemente obligados a cruzar la frontera hacia Ceuta o Melilla, ciudades españolas en el norte de África.

La expulsada trabajaba para la organización no gubernamental (ONG) Desarrollo y Consultoría Pro Mundis, de inspiración cristiana, con sede en Granada, la cual en 1999 suscribió un acuerdo de colaboración con el Gobierno marroquí. Desde el 2003 Silvia Cordón impartía clases de español en un instituto de Tahala, en la provincia de Taza al noreste del Reino de Marruecos.

La cooperante guatemalteca fue escoltada por policías marroquíes hasta Beni Enzar, zona fronteriza de Marruecos con España, el pasado 8 de mayo. Pero el jefe del puesto fronterizo de Melilla explicó que no podía ser expulsada a través de España, que el procedimiento era enviarla directamente a Guatemala.

Cordón tiene ahora en su pasaporte un sello que dice "expulsado", el cual fue estampado por los policías de Marruecos, sin mayor explicación. Su historia es la de decenas de cristianos evangélicos que ya han sido expulsados desde inicios de marzo de 2010.

OBEDIENCIA DEBIDA


Según el diario El País, varios de los expulsados por las autoridades marroquíes han sido acusados de realizar proselitismo y de quebrantar la fe del musulmán, pero a otros no les han explicado el porqué de la medida.

Silvia Cordón ha declarado que solicitó que le entregaran una orden de expulsión escrita, que señalara el motivo de la sanción, pero los agentes policiales solamente le indicaron "que obedecían instrucciones de arriba".

El pasado 5 de mayo, la Policía marroquí llegó a buscarla a su casa en Tahala, para informarle que tenía 15 días para irse del país. No obstante, al día siguiente los uniformados se presentaron en el colegio donde laboraba como maestra de español para presionarla.

Cordón indicó en su declaración a la prensa que dos días después tuvo que salir de su domicilio en su propio vehículo, junto a dos policías, rumbo a Melilla. Agregó que le dieron tiempo para despedirse, acción que a otros expulsados no le permitieron.

VUELO DESDE CASABLANCA


Frustrado el intento de introducirla en España, la cooperante finalmente fue trasladada el pasado sábado 8 a bordo de un vehículo del Ministerio del Interior al aeropuerto de Casablanca, Marruecos, donde luego abordó un vuelo hacia Guatemala, que hizo escala en Madrid y México.

Allan Matamoros, presidente de la ONG granadina, comentó que están consternados por la forma en que han actuado los marroquíes, sin explicación, sin orden escrita, sin que las personas se defiendan y hasta sin tiempo para recoger las pertenencias de los expulsados.

En los últimos días, al menos cuatro familias latinoamericanas corrieron la misma suerte, así como un ciudadano español. Algunas fuentes estiman que ya son casi cien los cristianos expulsados.

CRONOLOGÍA DE UNA EXPULSIÓN


El 7 de mayo fue expulsado por la frontera de Ceuta el mexicano Samuel García, cooperante de una ONG internacional y cristiano evangélico, que trabajaba en un proyecto de asistencia a personas discapacitadas. En una carta cursada a la embajada de su país en Rabat, García expresa que fue escoltado por la policía local de Larache, “lugar donde trabajo y vivo con mi familia, sin que se me dieran una razón del motivo de mi expulsión”.

Un mes antes, el 8 de marzo había sido citado a las oficinas de la policía local de Larache donde se le retiró la visa de trabajo marroquí y el pasaporte mexicano y se le comunicó que estaba expulsado, sin aclararle la razón de tal medida. García llamó de inmediato a la embajada mexicana en Rabat y solícitamente el encargado de asuntos consulares, Felipe Gonzáles-Lugo, viajó hasta el lugar donde se encontraba detenido. A la llegada de este representante diplomático, García fue liberado y le devolvieron sus documentos.

El 5 de mayo recibió una llamada de la policía local indicándole que debía presentarse al día siguiente. En esa oportunidad fue informado de que tenía que abandonar el país de inmediato, previa rúbrica de un documento que le dieron a leer, el cual expresaba que lo sacaban del país por ser “una persona peligrosa a la paz de este país”. García se negó a firmar y explicó que había vivido por tres años en Marruecos y que “nunca había hecho mal ni hablado nada contrario a sus leyes, costumbres, religión o símbolos nacionales”. También les recordó su trabajo con personas discapacitadas, como cooperante internacional.

Nuevamente se comunicó con la embajada de México en Marruecos para informar lo que estaba sucediendo y pedir orientación. Esta vez fue aconsejado por el C. Felipe Gonzáles-Lugo de “cooperar con las autoridades en la expulsión”, asegurándole que él daría parte a la embajada de México en España para que estuvieran enterados de su llegada.

“Después de un rato los policías rompieron el documento que me había negado a firmar y escribieron uno nuevo, eliminando la frase `persona peligrosa para la paz del país´, dejando sólo la orden de salir del país. Me negué a firmar este segundo documento ya que les dije que tenía derecho a conocer de qué se me acusaba y a pedir que se comprobara tal acusación”, expresa García en su misiva.

Finalmente, los policías dijeron que no les importaba si firmaba el documento, ya que de todas maneras lo sacarían de país. Le dieron unas horas para arreglar sus maletas y despedirse de su esposa y dos hijas.

“El viernes 7 de mayo me condujeron en una patrulla a la frontera de Ceuta, me retiraron mi visa de trabajo, me regresaron mi pasaporte y me hicieron cruzar hacia España sin un documento oficial que explique los motivos de mi expulsión. La policía Española me ha recibido con mucha simpatía, apoyo moral y también indignación por el trato que me han dado en Marruecos. Dicen que no soy el primer extranjero al que le hacen eso”, afirma.

“Mi esposa y mis dos hijas han quedado en Larache conmocionadas por nuestra separación. Como familia decidimos que ellas esperen hasta la culminación del ciclo escolar en la escuela española de Larache, en siete semanas más. Esta decisión la hemos tomado considerando que sería emocionalmente saludable para nuestras hijas”, puntualiza García, entristecido por la separación. “Es como estar prisionero”, dijo a ProtestanteDigital en comunicación telefónica desde Ceuta el domingo último.

 

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